Una sola mesa
Doce comensales, una mesa de nogal larga y la cocina abierta a la vista. Se conversa, se pregunta, se comparte el pan de camote.
Una cena narrada donde cada plato cuenta de dónde viene: costa, sierra y selva del Perú.
Crecí entre dos cocinas: la del puerto en Lima, donde mi padre limpiaba pescado antes del amanecer, y la de mi abuela en Arequipa, que anotaba cada guiso en una libreta con letra apretada. Durante años cociné para otros en salones grandes y ruidosos. Un día entendí que lo que quería contar no cabía en una carta de cuarenta platos.
Casa Quilla nació en 2016 en una casa-taller de Barranco, a dos cuadras del mar. Aquí no hay carta: hay una sola mesa, doce sillas y una historia que se sirve en siete tiempos. Cada plato viaja del litoral a los Andes y baja a la selva, siguiendo la misma ruta que mi familia hizo durante tres generaciones.
No cocino para impresionar. Cocino para que, entre bocado y bocado, alguien pregunte de dónde viene esto —y yo pueda contarlo con calma, mirándolo a los ojos.
Nicolás MarticorenaAnfitrión y cocinero · Est. 2016
No es un restaurante ni un show. Es una velada de tres horas alrededor de una sola mesa compartida, con doce comensales y un cocinero que narra cada plato antes de servirlo.
Doce comensales, una mesa de nogal larga y la cocina abierta a la vista. Se conversa, se pregunta, se comparte el pan de camote.
Antes de cada tiempo, Nicolás cuenta la región, el productor y el recuerdo detrás del plato. La comida se entiende mejor cuando se sabe de dónde viene.
Opcional: cada tiempo acompañado por un pisco de valle distinto —Ica, Moquegua, Cañete— seleccionado con nuestra sommelier.
La velada empieza a las 20:00 y no se apura. El ritmo lo marca la mesa, no el reloj de la cocina.
Trabajamos con pescadores de Chorrillos, chacras de Cusco y cooperativas de cacao en San Martín. Cada ingrediente tiene nombre y procedencia.
Cenas en una casa antigua de Barranco con patio y buganvillas. Se siente como una comida en casa de un amigo que cocina muy bien.
El menú desciende de oeste a este siguiendo el mapa del Perú. Empezamos en el mar, subimos a los Andes y bajamos a la selva. Sigue la ruta a la izquierda mientras avanzas.
Bonito del día pescado en Chorrillos, curado en una leche de tigre de tumbo amazónico y ají limo. El primer tiempo abre con el mar, frío y ácido, como abre el día en el puerto.
Pisco quebranta, valle de Cañete
Pallares de Ica prensados con limón y ají amarillo, coronados con pulpa de cangrejo de las pozas del sur. Un homenaje al desierto que da de comer al mar.
Pisco acholado, valle de Ica
La receta de mi abuela: huacatay, maní tostado y galleta, con camarón del río Majes. Aquí subimos a los Andes y el plato se vuelve tibio, terroso, de olla.
Pisco italia, valle de Moquegua
Cordero cusqueño a la olla durante seis horas, con chuño negro reconstituido y hierbas de altura. El tiempo más largo de todos, porque en la sierra nada se apura.
Pisco mosto verde torontel
Quinua negra del altiplano de Puno, cremada con queso paria y una emulsión de huacatay. El puente entre la montaña y la selva: verde, herbal, alto.
Pisco quebranta, valle de Pisco
Paiche amazónico envuelto en bijao, con sacha culantro, plátano bellaco y un ají de cocona. Bajamos a la selva y el plato se vuelve húmedo, verde y fragante.
Macerado de aguaymanto sobre pisco
Cierre dulce con cacao fino de aroma de Chazuta, aguaymanto confitado y una escama de sal rosada de Maras. La ruta termina donde empezó el chocolate del mundo.
Pisco italia macerado en cacao
«Un plato bien contado se recuerda más que un plato perfecto.»Casa Quilla · Barranco
Cada mes elegimos un producto andino y lo seguimos hasta su chacra. En julio es la oca: un tubérculo dulce y de colores que crece sobre los 3.000 metros y que casi desapareció de las mesas urbanas. La traemos de una familia de agricultores en el valle de Lares, Cusco, que conserva más de veinte variedades.
La asoleamos tres días para que concentre su azúcar y la servimos glaseada junto al cordero del cuarto tiempo. Es nuestra manera de devolverle un lugar a los cultivos que sostuvieron al Perú durante siglos.
Servimos jueves, viernes y sábado, una sola cena por noche. La agenda se abre por temporadas y suele completarse con semanas de anticipación.
Precio referencial 2026. Cupos limitados a 12 comensales por noche.
Escríbenos por el formulario o WhatsApp con la fecha, el número de comensales y si quieres maridaje. Confirmamos disponibilidad en el día.
Nos cuentas alergias, intolerancias o si alguien no come pescado. Ajustamos los tiempos sin romper el relato.
Te recibimos en el patio con un aperitivo y una copa. Conoces a los demás comensales antes de sentarnos.
Nicolás narra cada plato desde la cocina abierta. La ruta baja de la costa a la selva, tiempo a tiempo.
Cerramos con cacao de Chazuta y una infusión. Nadie te apura: la mesa se levanta cuando la conversación termina.
«Fuimos por nuestro aniversario y terminamos aprendiendo de dónde viene el pallar iqueño. El tercer tiempo, la ocopa, me devolvió a la casa de mi abuela en Arequipa. Lo único: llegar en taxi a esa calle de Barranco de noche cuesta un poco.»
«El maridaje de pisco es lo que lo cambia todo. Probar un quebranta de Cañete con el tiradito y luego un italia de Moquegua con el cordero fue una clase encubierta. Ximena explica sin sonar pretenciosa.»
«Reservamos la casa entera para el cumpleaños de mi madre, doce personas. Adaptaron dos platos para ella que es celíaca y ni se notó. El paiche en hoja de bijao fue la conversación de toda la semana siguiente.»
Alrededor de tres horas. Empezamos a las 20:00 con un aperitivo en el patio y los siete tiempos corren entre las 20:30 y las 23:00, sin apuros. La sobremesa la marcan ustedes.
Sí. En las cenas regulares se comparte una sola mesa con hasta doce comensales. Si prefieren privacidad, la opción de velada privada reserva la casa entera para su grupo.
Por supuesto. Al confirmar la reserva nos cuentas restricciones, intolerancias o si alguien es vegetariano o celíaco. Ajustamos los tiempos con al menos 48 horas de anticipación sin romper la narrativa del menú.
No. La cena de siete tiempos se disfruta completa sin alcohol, con aguas de hierbas e infusiones. El maridaje es una opción para quienes quieran recorrer los valles piscqueros del Perú tiempo a tiempo.
La reserva se confirma con una seña del 50% por transferencia o Yape. El saldo se paga la noche de la cena en efectivo o tarjeta. La velada privada requiere un adelanto mayor que coordinamos por escrito.
Con más de 15 días de anticipación devolvemos la seña completa; entre 7 y 15 días, el 50%; con menos de 7 días la seña se retiene, pero podemos reprogramar una vez según disponibilidad. Ver términos y condiciones.
Solo doce comensales. La mesa se pone una vez por noche.